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De una vida transformada a una familia restaurada

Todo comenzó con Liliana, quien desde muy joven participaba en una Casa de Paz organizada por la Fundación Che Roga en el barrio Santo Domingo, Encarnación-Paraguay, de preadolescentes y adolescentes, pero un día dejó de ir. Pasaron algunos meses sin saber de ella, hasta que parte del equipo PIC decidió visitarla para saber cómo estaba.

Fue así que conocieron a su mamá, Nimia. Al llegar, se sorprendieron: no los esperaban. La señora no sabía que una de las personas que tocó su puerta había sido profesora de la escuela dominical de Liliana, Zulma Vargas. En esa visita, le hablaron de Jesús, le presentaron el plan de salvación, y Nimia aceptó al Señor. Como no tenían Biblia en casa, le regalaron una.

También se enteraron de que Liliana de 16 años, estaba embarazada, y que el padre de la bebé la había abandonado. Esa situación trajo mucho dolor y marcó aún más la tensa relación con su madre, Nimia, marcada por reproches, dolor y falta de comunicación. Por toda esa situación, Liliana, había dejado de asistir a su casa de paz. Su líder, Zulma Vargas, la abrazó, la felicitó por su embarazo y le recordó que Dios no la rechazaba, que aún en medio de esa situación difícil, Él tenía un propósito para ella y su familia.

Gracias a esa visita del equipo, tanto Liliana como Nimia decidieron comenzar a asistir a las Casas de Paz. Y no solo ellas: también se sumó su abuela, Arsenia, de 61 años, quien deseaba paz para su hogar. 

Allí, las tres fueron profundamente tocadas por el mensaje del evangelio, y su transformación fue visible y auténtica. Ese cambio impactó a toda la familia. Con el paso del tiempo, también su hija Fabiola, ya nacida, comenzó a asistir al PIC de Niños.

La historia de Arsenia, Nimia, Liliana y Fabiola es un poderoso testimonio de cómo una semilla sembrada a tiempo, regada por la paz de Dios, puede florecer y restaurar generaciones enteras.
La decisión de Liliana de volver a Dios, aun estando embarazada, marcó el inicio de un nuevo capítulo para su familia. Su mamá, Nimia, y su abuela, Arsenia, comenzaron a caminar juntas en la fe. Con el tiempo, su hija Fabiola, ya nacida, también empezó a participar en el PIC de Niños.

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