Latidos en el equipaje: la maleta que cruzó el mar para salvar un corazón

El corazón misionero siempre late con una misma pregunta: “¿Qué podemos llevar que supla una necesidad real?”. Con ese sentir, el pastor John Jairo emprendió su segundo viaje a Cuba, una isla hermosa, pero marcada por profundas carencias, donde conseguir medicamentos puede ser cuestión de vida o muerte.
Guiado por Dios, preparó una maleta con medicamentos. Cada frasco fue guardado con fe, sin saber que allí viajaba una respuesta divina.
Al mismo tiempo, Manuel Gutiérrez enfrentaba una situación crítica. Diagnosticado con graves problemas cardíacos, estaba hospitalizado esperando una cirugía para recibir un marcapasos. Su vida dependía de un medicamento específico que le permitiría resistir hasta la operación. Sin embargo, en la isla era prácticamente imposible conseguirlo.
La urgencia crecía y la esperanza parecía agotarse.
Fue entonces cuando Dios comenzó a obrar. El pastor Enoel recibió la noticia de la necesidad de Manuel a través de su familia. Movido por la fe, buscó entre los medicamentos que habían llegado desde Colombia. Y allí estaba: justo el medicamento que Manuel necesitaba.
No fue casualidad. Manuel no pertenecía a la iglesia, pero el amor de Dios lo alcanzó. El medicamento fue entregado, y su estado comenzó a estabilizarse. Contra todo pronóstico, logró mantenerse con vida hasta el día de su cirugía.
Después, los médicos lo confirmaron con asombro: muchos pacientes en esa condición no sobreviven la espera sin ese tratamiento. Pero Manuel lo hizo. Fue la excepción, fue un milagro.
Aquella maleta no solo cruzó el mar con medicinas; llevó esperanza, provisión y la evidencia de que Dios sigue obrando. Porque cuando algo se entrega con propósito, puede convertirse en la respuesta que salva una vida.
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Filipenses 4:19