Los más pequeños en Formación

En Monterrey, México, vive una familia cuyos nombres hoy inspiran a muchos: Abraham de 14 años y Victoria de 11 años, los hermanos Mendoza Rodríguez. Desde muy pequeños, estos dos jóvenes crecieron congregándose en una iglesia, más de 10 años adorando juntos a Dios. Pero algo estaba por pasar que cambiaría no solo su manera de ver la fe, sino también la forma en que la comparten con otros.
Un día, la familia se conectó con la formación ministerial de PIC, sin obligación, sin presión… solo con curiosidad y un deseo sincero de crecer. Pronto, Abraham y Victoria estaban sirviendo en una Casa de Paz, un espacio donde Abraham tuvo su primera oportunidad de enseñar la Palabra. Fue allí donde algo empezó a tomar vida dentro de ellos.
Lo que más les impactó fue el curso de Homilética, el arte de armar un bosquejo para predicar. Para Abraham y Victoria, no fue solo teoría; fue una herramienta poderosa que les dio confianza y libertad para hablar con la gente y compartir el evangelio sin pena. En palabras de Abraham:
“He crecido mucho espiritualmente. Ahora siento confianza para hablar con la gente y predicar el evangelio libremente.” Y Victoria comparte: “He cambiado mucho. Ahora soy más persistente en el camino, y siento el amor de Dios como nunca antes.”
No solo ellos han experimentado cambios. Toda la familia, incluyendo a sus abuelos y su hermano Cristofer, de 17 años que también ha participado de los cursos, apoyándose, compartiendo ideas y creciendo juntos. Han visto una fortaleza especial en su mamá, quien se ha convertido en una guerrera de oración con mucha autoridad espiritual.
Lo que más les sorprendió fue cómo se les enseñó a leer la Biblia de forma profunda e interesante, algo que antes no habían experimentado. Agradecidos por este aprendizaje, también valoran mucho al facilitador de su curso: José Padilla.
Gracias al curso de Teología de la Misión, no solo aprendieron teoría, sino que pusieron en práctica lo aprendido en su Casa de Paz, con ánimo de desarrollar otros Timoteos, jóvenes y niños apasionados por seguir a Cristo, aunque antes se ponían nerviosos de compartir su fe.
Todos son servidores del Señor y están felices por la oportunidad de conocer personas de muchos países, de compartir experiencias y de crecer juntos como comunidad. Y hoy, con su certificado en mano, Abraham y Victoria no solo han aprendido… han sido transformados.
Esta historia nos recuerda que la formación ministerial no es solo conocimiento, sino una transformación del corazón. También que los jóvenes pueden ser usados por Dios, sin importar la edad. Que aprender a predicar, a leer la Biblia y a servir, te capacita para llevar esperanza a otros. Que en PIC, nadie está solo, familias enteras crecen juntas y se fortalecen mutuamente.