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Un corazón desbordante de esperanza

Un corazón desbordante de esperanza

Es sorprendente atestiguar cómo Dios puede dar esperanza a quienes creen que todo está perdido; eso fue lo que le ocurrió a Elena Isasa en Encarnación, Paraguay. Elena se ha caracterizado por ser una mujer trabajadora y esforzada. Ella enfrentó con valentía la vida luego de que su esposo la abandonó con dos pequeñas mellizas. A pesar de los momentos difíciles que vivió, al punto de considerar el suicidio, logró salir adelante. Sin embargo, se había vuelto amargada y no permitía que le hablaran de Jesús. Ni siquiera sus dos hijas quienes en la adolescencia le habían entregado su corazón a Dios.

Al hacerse adultas, las hijas de Elena, formaron sus familias y se marcharon. La soledad hizo que Elena sufriera una nueva crisis emocional que comenzó a hundirla en una profunda depresión que se agudizó al llegar la pandemia. Elena no podía salir a trabajar y sola en su casa comenzó a llenar su corazón de temores y experimentaba ataques de pánico al punto de llegar a estar internada por las fuertes crisis que la atacaban. Los médicos le recetaron un tratamiento farmacológico y la derivaron al psicólogo. Pero Elena no encontraba salida, se sentía atrapada en su soledad y tristeza. En su mente y corazón ya no había esperanza.

Fue en ese momento que Elena decidió aceptar la visita de los pastores Manuel y Luz Da Cunha. A través de ellos entregó su vida a Jesús. Si bien, accedió al tratamiento que requería su condición, reconoce que su sanidad espiritual y del alma fue realizada por Jesús el médico de los médicos quien estaba sanando su corazón de años de dolor, de falta de perdón, amargura y rechazo. Entonces, muy pronto dejó de necesitar su tratamiento farmacológico, pues Jesús había llenado su vida de gozo. Así, Elena decidió abrir las puertas de su hogar para iniciar una casa de paz, dispuesta a compartir esta buena noticia de esperanza que cambió su vida con sus seres queridos. De este modo su hermana también comenzó a escuchar el mensaje de paz del Señor, ambas se bautizaron y hoy en día Elena es un testimonio vivo de cómo el Señor puede sanar el alma de una persona que por tantos años estaba amargada y herida. El corazón de Elena rebosa del gozo de su salvación, ha renacido y se encuentra obedeciendo los mandamientos de Jesús.

¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva”. 1 Pedro 1:3

Así como Elena, seguramente a tu alrededor se encuentran otras personas que tras años de sufrimientos, injusticias e historias de abandono sufren la desesperanza. Recuerda, Dios puede darles esperanza, y tú puedes ser su instrumento.

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